Tranco Segundo

RÍO TAJO II

SOBRE EL AGUA DEL RÍO SE BEBÍAN LAS COPAS…. Y LA NORIA GEMIA COMO UNA CAMELLA TRAS SU CRÍA.

Esta fue la visión que tuvo el poeta Ibn Sid al-Batalyawsi al describir la Almunia del rey de la taifa, el famoso Almamún. Realmente al morir el rey Witiza en el año 710, se designo a Rodrigo como sucesor, lo que originó una brecha entre sus partidarios y los del anterior. Entonces el gobernador de Ceuta que seguía al primero, permitió el desembarco musulmán en Gibraltar, creyendo que estos los iban a ayudar a recuperar de nuevo el reino. Con esta traición, Hispania fue tomada en poco tiempo por los musulmanes, denominándola entonces como Alándalus.

La ciudad de Toledo fue tomada por los musulmanes rápidamente al mando de Tarik y Muza, entrando en ella en el año 713. En el año 756 llegó el emirato de  Abderramán I haciendo de Córdoba su capital. Las luchas de poder entre los   propios musulmanes, hicieron que durante casi dos siglos, Tulaytula (pues así fue designada esta ciudad según el idioma árabe), estuviera en rebeldía frente a ella. Más tarde en el 912, al subir al trono Abd Al-Rahman III, se inició el califato de Córdoba, consiguiendo este devolver la unidad de Alándalus.

Con respecto al líquido elemento en Tulaytula, quizás estos ya se debieron encontrar  hundido el magnífico por útil acueducto romano, el cual surtía con su agua a toda la ciudad y alrededores. Este hecho también se pudo producir por ser desmontado este para utilizar sus materiales en otros edificios y murallas e impedir la invasión de la ciudad tanto en tiempos visigodos como en tiempos musulmanes. Quizás también pudo ocurrir por alguna gran crecida del río Tajo, pues de aquellos tiempos se tiene noticia de alguna. Una de ellas está datada en el año 849  en tiempos musulmanes, pues mandaba en Alándalus el emir Alakam II.

Aquellas gentes que habían venido desde oriente, cruzando los desiertos africanos, al encontrarse con el río Tajo y su entonces abundantísima agua y sus pertinaces crecidas, durante los más de tres siglos que aquí  crecieron sus generaciones, hicieron de las vegas de Tulaytula grandes vergeles, fabricando grandes máquinas hidráulicas como azudas y aceñas, para el riego de sus cultivos y el mantenimiento de jardines que simulaban al paraíso islámico, siempre que hubiera paz entre ellos y las gentes cristianas.

Posiblemente nació entonces el oficio de “azacán”, que consistía en recoger agua del río Tajo y de otras fuentes cercanas, en recipientes que estaban regulados por la autoridad, cargarlos en burros o en carros y por dicho trabajo se subía el agua a la cumbre de Tulaytula, no sin gran esfuerzo y así se iba abasteciendo a la población, rellenando sus depósitos o aljibes comunales y también los particulares.

Este oficio de aguadores o recaderos del agua del rio Tajo, tenían una condición muy  humilde, pero con su trabajo y gracias a su penoso esfuerzo, daban vida a la población de esta alta cumbre. Dicho oficio duró desde aquel tiempo hasta cerca de nuestros días. De ahí que como recuerdo de estos, aún existe la Calle de Azacanes.

Al irse dividiendo Alándalus, comenzó el tiempo de sus coras o provincias, iniciando el  gobierno en la taifa de Tulaytula con la familia Dil-Nun en el año 1032, llevando a    esta medina a su máximo esplendor en tiempo musulmán, por parte de su hijo Almamún,  que comenzó a gobernar en 1043. Este hizo construir la Almunia Real muy cerca del río Tajo en su vega alta, (hoy palacios de Galiana), que fue muy famosa porque en ella se encontraba el Salón de la Noria.

Este rey mandó componer un jardín botánico al agrónomo Yahyá ibn Wafid en los alrededores del palacio y el río Tajo,  conociéndosela aún hoy como Huerta del Rey. Se nutría esta con una noria que era alabada por sus poetas, de la cual  todavía quedan restos. Allí plantó dicho sabio muchos tipos de vegetales, los cuales le sirvieron para experimentar su aclimatación en esta tierra, además de fecundarlas artificialmente, pero sobre todo es que  con ellas investigó muchos remedios contra muchos tipos de enfermedades, pues era además en su tiempo un reconocido médico patólogo, el cual había recibido las enseñanzas de Abulqasim, que era el médico del emir Alakam II.

Como farmacólogo y por sus experiencias con dichas plantas en sus pacientes, escribió el “Libro de la Almohada”, tratado que se ocupaba del tratamiento para curar cien enfermedades  nada menos, pues conocía las obras de Dioscórides y Galeno, además de las de Aristóteles, por lo que fue designado en su tiempo como  Abenguefit filósofo.

En dicha almunia hubo frutales como cerezos, granados, limoneros, ciruelos y melocotoneros y en sus huertos se cultivaban calabazas, habas, pepinos, zanahorias, lechugas,  pero sobre todo berenjenas, de ahí que a los toledanos se les conociera entonces como “berenjenos”.

Otro famoso agrónomo, Ibn Bassal, también trabajo en los huertos de  Almamún y su sucesor Alqadir. Tras sus múltiples experiencias, escribió su “Libro de Agricultura”. Lo más importante es que este debió de introducir el naranjo por primera vez en Tulaytula y de aquí pasó posteriormente a otras tierras musulmanas, como por ejemplo Valencia.

También se plantaron hierbas aromáticas y especias como comino, azafrán, cilantro, alcaravea o almoradux. En fin, esta fue la grandiosa aportación de las fecundas aguas del rio Tajo a la ciencia en los  tiempos musulmanes.

El Rey Alfonso VI  tomó Toledo en el año 1085 para los cristianos por capitulación de los musulmanes, hasta nuestro tiempo. No obstante con la entrada posterior en la península ibérica por parte de los Almorávides en 1086 y después por los Almohades en 1147, estos venían de tiempo en tiempo a tomar de nuevo la ciudad, desbastando las cosechas de las vegas de Tulaytula, que eran fecundadas por mediación del fecundo Tajo. Mientras tanto, en el año 1113 en tiempos de Alfonso VII, hubo otra gran crecida del río a su paso por la ciudad.

Mientras esto ocurría en Toledo ya en tiempos cristianos, sabemos por los anales toledanos que entre 1113 a 1211, hubo una serie de grandes crecidas, que afectaron a la Puerta del Vado (redescubierta en nuestro tiempo), parte del muro de la Antequeruela, como la torre Almofala, llegando hasta la iglesia de San Isidro. Afectaron estas a  los pilares  que sustentaban el “puente de barcas” en la salida  del Tajo de Toledo hacia su vega baja.

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