ASUNCIÓN DEL GRECO. TIEMPO DOCE.

POR ALEJANDRO VEGA

ASUNCIÓN DEL GRECO

TIEMPO DOCE

Dicha línea saliendo del triángulo menor, en su ascenso corta la luna creciente, pasa por el pie griego de la virgen, cruzando entre los salientes de los pliegues de sus piernas, así como su cara hasta llegar al vértice superior del triángulo mayor que rige la parte celeste, de ahí la técnica geométrica del Greco en esta su primera obra toledana.

Extraordinario uso de la perspectiva, haz de rectas proyectantes y la maestría en el escorzo de los personajes permite imaginar un espacio de carácter metafísico, sirviendo de nexo su argumento terrenal con el   divino.

Tras el estudio por mi parte de esta simbólica obra, por lo demostrado hasta ahora sobre la misma, observemos su firma, la cual lleva a cabo sobre un papel blanco para resaltar su autoría. La pinta pegada simuladamente con lacre en el libro entreabierto que sustenta Tomás, queriéndonos decir con dicho detalle, que tras ella había ya una gran experiencia y mucha sabiduría. Lo hizo en caracteres griegos al estar recién llegado a Toledo, así como sus números para decirnos el año que comenzó a crearla en 1577 y terminarla en 1579.

En aquel tiempo, ese era el ambiente religioso y místico que se respiraba en Toledo, pues la mística por excelencia Sta. Teresa de Jesús, después doctora de la iglesia, pasaba temporadas en la ciudad, una de ellas en 1576 un año antes de la venida del pintor a la ciudad. También el místico entre los místicos S. Juan de la Cruz, se encontraba entonces preso en una celda toledana de los carmelitas  calzados, fraguando su Canto Espiritual, entre los años en que este genio griego toledano pintaba la Asunción 1577-79.

Doménico Theotocópulis no se quedó en Grecia, si no que como los grandes maestros en busca de la eterna sabiduría, hizo el peregrinaje desde Heraclión en Creta, pasando por Venecia, Parma y Roma, donde los grandes maestros de entonces dejaban lo mejor de sí  mismos, aprendiendo de ellos.

Viajó el Greco por recomendación a la ciudad mística, Toledo,  la más religiosa entonces del orbe en su tiempo, pues en su pequeño espacio cabían gran cantidad de templos, conventos, oratorios, ermitas, hospitales, sinagogas y mezquitas, más sus palacios.

Otra de sus primeras grandes obras fue encargada en 1580 por Felipe II para el Monasterio del Escorial como fue el Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, de 445 por 294 cm., el cual pintó el Greco en su taller toledano entregándole a últimos de 1582. Al no gustarle al rey dicha obra, fue por lo que el genio quedó anclado al Toledo de su tiempo, por lo que ahora pasado los siglos se lo agradecemos.

También pintó para el Escorial la Adoración del Nombre de Jesús o Apoteosis de la Liga Santa, hoy en la Galería de las Colecciones Reales, donde se observan a Felipe II, al Papa Pío V y a todos los personajes que intervinieron en ella, además de otras connotaciones simbólicas.

Entre los catálogos de José Gudiol y Harold Werhey, las obras del Greco se estiman entre las 312 y 830, contando con su taller, esto no es de extrañar, al estar repartidas por todo el mundo. 

Enterrado en el convento donde nos dejó su primer retablo, repleto de excelsas obras más otras en el tiempo, como fue su más bella “Adoración de los Pastores” para su panteón familiar en Sto. Domingo “el antiguo”, por concesión de Luis de Castilla, donde retrato a su hijo y así mismo de lado, con el detalle de la puerta al más allá tras la Virgen. Obra que se haya en el Prado desde 1954.

Según comentario de su discípulo Luis Tristán, pintaba esta obra entre 1612 y la hora de su muerte en 1614. Tras su estudio observamos en ella, que es gracias a la composición colorida del artista, el que Jesús recién nacido ilumina todo de forma absoluta, irradiando él mismo como un potente haz de luz. 

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