En defensa del patrimonio escondido. Los Conventos de Toledo.

EN DEFENSA DEL PATRIMONIO ESCONDIDO 

 LOS CONVENTOS DE TOLEDO

Ya sabemos que los monumentos visitables de Toledo corresponden con edificios góticos, como su magnánima Catedral, que por su inmensa riqueza está considerada como “la Dives” y donde se puede oír aún la misa en rito mozárabe o el Convento de San Juan de los Reyes, con su  espléndida iglesia y su incomparable claustro. Los inmuebles renacentistas del  Alcázar Imperial, contenedor del Museo del Ejército Español y la Biblioteca Regional de Castilla La Mancha. El Museo de Santa Cruz con su planta crucífera y sus inigualables tesoros o el Hospital de Tavera (de Afuera), con sus excepcionales patios columnados, su botica, archivo, iglesia, cripta y museo en un lado y el Archivo de la Nobleza Española al otro.

Siguen el Museo del Greco con parte de sus obras, el Museo de Victorio Macho con sus vistas hacia los acantilados del Tajo y su “Roca Tarpeya”. Las dos joyas del judaísmo mundial como son la Sinagoga de Samuel Ha-Leví o del Tránsito, con las trazas del “Arca de la Alianza” y la de Santa María la Blanca de raíz cabalística, más las bellas por geométricas mezquitas islámicas de Valmardón  (Cristo de la Luz) con más de mil años de antigüedad o la de Tornerías, sobre un palacio o iglesia visigoda,  hoy cerrada al público o el palacio mudéjar  del Taller del Moro, contenedor de un bellísimo salón islámico-mudéjar del siglo XIV.

Parroquias como la de Santo Tomé, contenedora de la obra más universal de Doménico Theotocópulis, el Greco, como es el Entierro del Señor de Orgaz, la de San Salvador con restos islámicos y visigodos muy interesantes y donde se puede oír aún la misa en rito romano. La iglesia de San Román, contenedora del museo de la cultura visigótica y sus bellísimos frescos islámicos-románicos, con influencias omeyas.

Una gran cantidad de iglesias o parroquias, latinas y mozárabes, en número de veinte, repletas de tesoros artísticos, abiertas a la hora del culto, como la de Santa Justa y Rufina, que guarda una importante colección de armaduras del siglo XVII.

El castillo de San Servando, alzado sobre el antiguo puente romano de Alcántara y su homónimo al otro lado de Toledo, el puente gótico de San Martín con su leyenda despidiendo al río Tajo, o el Palacio de Galiana en la Huerta del Rey en la Vega Alta. Otros monumentos como sus espléndidas murallas y sus puertas, como la de Bisagra, de Alfonso VI, el Cambrón, del Sol y de la Luna, de Alarcones, del Cristo de la Luz o de Valmardón, de Doce Cantos o la recién descubierta Puerta del Vado, bajo el subsuelo.

Los importantes restos medio derruidos del Circo Romano, más sus Termas en plena actualidad por sus nuevos descubrimientos, de la que forma  parte la famosa “Cueva de Hércules”, con su  parte subterránea. Los vergonzantes restos arqueológicos por abandonados, de lo que dicen ser la ciudad palatina de los visigodos en la Vega Baja.

Los antiguos restos del Cerro del Bú, con sus posibles despojos ibéricos. Las ermitas del Cristo de la Vega, sobre los cimientos de la antigua basílica de Sta. Leocadia (extramuros), donde se celebraron algunos de los dieciocho “Concilios de Toledo”. La famosa ermita del Valle con su romería bajo la piedra del “rey moro”, la ermita de la Cabeza sobre el menhir natural del mismo nombre, la ermita Bastida con su “virgen negra” y su cueva o la del Ángel Custodio y su bellísimo paraje en la ribera del río Tajo, en su Vega Baja y algunas ermitas más, no tan famosas. O sus entrañables por ocultos patios, que ahora se enseñan en la semana grande del Corpus Chisti.

Su gran cantidad de subterráneos secretos, como los de la Casa del Greco, los de la Escuela de Artes y Oficios, contenedores de un museo oculto extraordinario, o los que se hallan por debajo de sus dos juderías, mayor y menor, más los de otros barrios. Aunque el antro más destacable, es el denominado como la “Casa del Duende” en el barrio de San Miguel, de religión templaria, hoy cerrado. O edificios modernistas como la propia Escuela de Artes y Oficios de estilo “melidiano”, con sus peculiares salas y aulas o la Estación de Ferrocarril neomudéjar mecanicista, de estilo “claveriano”,  dejando perplejo al que la contempla al llegar a la ciudad por ferrocarril.

Así hasta un no parar, para poder describir a esta ciudad de Toledo, por la acumulación de monumentos que concentra y por su vastísima cultura, contenido todo ello en tan solo cuatro kilómetros de perímetro y en sus cercanos alrededores, lo que la hace ser casi única en el mundo, por lo que tenía que aspirar dentro de las ciudades patrimonio de la humanidad, a una denominación más alta, como por ejemplo “Plus Ultra”, es decir, “Más allá”, siguiendo el lema del emperador Carlos I. No olvidemos la gran cantidad de saberes acumulados por la gran cantidad de  civilizaciones que han habitado este monte-isla, empezando por los hombres prehistóricos, celtíberos, carpetanos, romanos, judíos, visigodos, musulmanes y cristianos.

Hasta aquí bien. Pero además de todo esto, la ciudad de Toledo esconde entre el laberíntico entramado de sus calles, otro  patrimonio extraordinario, sin paragón, siendo secreto hasta ahora, al encontrarse escondido entre los altos muros de sus conventos de clausura. Motivo adicional muy destacable, por el contenido que justifica el abrimiento espiritual cristiano de una parte importante de occidente, proyectado por esta ciudad universal a través de los mismos, hacia todo el mundo, al igual que lo hicieron también en la baja edad media con sus difrenetes religiones, judíos y musulmanes, surgiendo de aquella mezcolanza la famosa Escuela de Traductores.

Menos mal que en la Semana de Pascua o Semana Santa toledana, es cuando las iglesias de estos retiros espirituales íntimos, se abren al público durante unas horas para poder visitar y rezar ante sus “Monumentos”, preparados con delicadeza por sus monjas en sus iglesias, según las normas del papa Benedicto XIV en el siglo XVIII.

El Jueves Santo se celebra en ellos la Misa de Presantificados, donde se consagran dos hostias, una es consumida por los fieles y la otra se lleva en solemne procesión y se guarda en el sagrario o custodia que contiene dicho altar, ya que el Viernes Santo no se consagra por la muerte de Jesucristo. En el siglo XVI  San Felipe Neri, introdujo en Roma la costumbre de visitar siete iglesias entre la noche del jueves y la mañana del viernes, precisamente por los últimos siete actos ocurridos a Jesucristo en sus últimas horas.

Este recorrido a los siete monumentos de nuestros conventos toledanos,  son los recordatorios de la última cena y la oración en el huerto, el interrogatorio  por el sacerdote Anás, las acusaciones en casa de Caifás, el juicio en casa de Pilatos, la imposición de la capa blanca por el rey Herodes, Pilatos se lava las manos y el pueblo le condena y por último Jesucristo en el sepulcro.

La ciudad de Toledo es tan rica en este tipo de tradiciones religiosas, que dicho recorrido se podía hacer hasta dos veces seguidas por la gran cantidad de conventos (intramuros), precisamente por el extraordinario patrimonio conventual que esta atesora, siendo un privilegio poder entrar en dichas fechas a dichos lugares, cerrados a cal y canto durante todo el año por su clausura. Por tal motivo, exponemos aquí los que siguen funcionando y los que por desgracia han cerrado o están a punto de cerrarse, nombrando alguna de sus características, sin extendernos mucho. Sigue así:

Cistercienses del Monasterio de San Bernardo de Monte Sión (extramuros), de 1427. Carretera de la Puebla de Montalbán, Km. 1. Fuente de los Jacintos, Cruz del Pelícano y cerámica de Zuloaga.

Dominicas del Convento de  Jesús y María de finales del siglo XVI, en la Calle Trinidad. Hoy cerrado intramuros. Dedicado como Archivo Provincial de Toledo.

Clarisas Franciscanas del Convento de Santa Clara la Real, de 1254. Plaza de Santa Clara. Con dos cobertizos, patio de los Laureles, restos mudéjares y pinturas de Luis Tristán. Cerrado.

Agustinas del convento de Sta. Úrsula, de 1360, en la calle de Sta. Úrsula. Iglesia mudéjar, con el retablo de “La Visitación”, obra de Alonso de Berruguete de 1535. Cerrado.

Benedictinas del Convento de la Purísima o Concepción Benedictina, de 1484, conocidas como “benitas”, en la Bajada del Barco. A punto de cerrar.

Cistercienses Bernardas del Convento de San Clemente, de 1088. Calle de San Clemente. Bella sala capitular y refectorio, preciosa orfebrería.

Jerónimas del Convento de San Pablo, de 1372. Calle de San Pablo. Magníficos trípticos, pinturas de Luis Tristán.

Comendadoras de Santiago del Convento de Santiago apóstol, de 1502. Calle de Santo Domingo el Real en los Cobertizos. Patio de la Mona y bella cerámica.

Concepcionistas Franciscanas del Convento real de San Antonio, de 1514. Calle de Santo Tomé. Patio de los Naranjos.

Carmelitas Descalzas del Convento de Jesús Crucificado, anteriormente de las “Madres Capuchinas”, de 1632. Plaza de Capuchinas. Ricos mármoles negros, rojos y una verónica del Greco. Cerrado.

Concepcionistas Franciscanas, de 1489. Plaza de la Concepción Franciscana. Cúpula de cerámica vidriada en la capilla de San Cristóbal o cuerpo incorrupto de su fundadora Dª Beatriz de Silva.

Agustinas Calzadas del Convento de la Purísima Concepción, conocidas como “Gaitanas”, de 1450. Plaza de San Vicente. Pintura de Francisco Rizzi.

Carmelitas Descalzas del Convento de San José, de 1607, fundado por Sta. Teresa de Jesús. Plaza de Santa Teresa,  Cuerpo incorrupto de la beata María de Jesús, sala “de profundis”.

Carmelitas Descalzos del Convento, de1650. Plaza de los Carmelitas en los cobertizos.  Ahora Casa de Espiritualidad. Bellas vistas de los arrabales toledanos.

Cistercienses del Convento femenino de Santo Domingo “el antiguo”, de 1085. Plaza de Santo Domingo el Antiguo. Obras del Greco.

Dominicas del convento de Santo Domingo “el Real”, 1364. Plaza de Santo Domingo el Real, en los cobertizos. Techo central ovalado. Extraordinario coro.

Clarisas Franciscanas del Convento de Santa Isabel de los Reyes, de sobrenombre “María la Pobre”, de 1477. Travesía de Santa Isabel. Con un cobertizo. Restos mudéjares de la parroquia de San Antolín.

Todos ellos se encuentran construidos principalmente en antiguos palacios donados por reyes, infantes, cardenales, canónigos y otros grandes mecenas que legaron sus grandes casas y dotaciones a varias congregaciones de religiosas y religiosos. Un inabarcable patrimonio inmobiliario, cuyo núcleo principal se compone con grandes iglesias y asombrosos coros, los cuales se encuentran  acompañados por varios claustros y patios de rústicos jardines, todos ellos con refectorios y salas capitulares y en algunos casos celdas priorales.

En sus interiores se encuentran un gran mobiliario con pulcras sillerías y retablos,  una gran cantidad de imágenes religiosas de todo tipo y calidad,  así como grandes obras de orfebrería y bastante azulejería en altares y zócalos. También sepulcros de nobles y señores, tumbas con lápidas de reyes, infantas, prioras, abadesas y cementerios de monjas. Estos, con sus archivos, componen la historia misma de Toledo, después de tantos siglos habitados hasta ahora. Más las historias y escritos de místicos y personajes que han intervenido en ellos, como ejemplo Santa Teresa de Jesús con sus cartas inéditas o San Juan de la Cruz, que comenzó aquí su Cántico Espiritual.

En la conformación, restauración y construcción de tan extraordinario patrimonio han intervenido arquitectos como Bartolomé Zumbigo, Juan Bautista Monegro, Nicolás de Vergara “el viejo y el mozo”, fray Pedro de San Bartolomé o Alonso de Covarrubias. Escultores y tallistas como Salcillo, Zacarías Velázquez, Manuel Pereira, Alonso Cano, Alejandro Algardi, Giraldo de Merlo, el taller de los Carlove, Francisco Linares, Manuel Pereira, Gregorio Vigarny o Alonso de Berruguete.

Pintores como Jacinto Brandi, Francisco Ricci, Claudio Coello, Luis Morales, Mariano Salvador Maella, Luis Tristán,  Juan Sánchez Cotán,  Juan Bautista Maíno, Francisco Camilo, Francisco Comontes, Juan de Juanes, Diego de Aguilar,  Blas Muñoz, Juan Correa de Vivar, Juan González Becerra (Maestro Paredes), Luis Carvajal, Pedro Orrente, Juan de Borgoña, Eugenio Cagés, Claudio Coello, Juan Sánchez Cotán, Vicente Cutanda o el Greco, entre otros.

Orfebres como Virgilio Zanelli,  con tejidos sacerdotales de M.G. Molero, organeros como Pedro de Luna o ceramistas en azulejería como Sebastián Morales. Todo contenido en edificios construidos y restaurados con diferentes estilos, comenzando por el morisco-renaciente y terminando por el barroco, pasando por el mudéjar, los diferentes tipos de gótico, renacentista y neoclásico.

Este inmenso patrimonio escondido en la pequeña ciudad de Toledo, forma parte importantísima de su densa historia. Todo él, se encuentra guardado y custodiado por un pequeño puñado de monjas, lo que nos parece  increíble e inaudito. Pero estas van desapareciendo con la edad, sin ser reemplazadas por falta de vocaciones.

Muy pocas siguen con sus diferentes trabajos, además de su vida contemplativa y de oración, formando parte del patrimonio material, inmaterial y espiritual de la ciudad. Su decadencia ha comenzado con dos conventos ya vacios, el de Agustinas de Santa Úrsula, de 1259, con un retablo de Alonso de Berruguete y el de Clarisas de Santa Clara “el real”, de 1250, con pinturas de Luis Tristán, más los claustros de los Laureles y los Naranjos y su sala “de profundis”.

                                                                                                              

Y por ello nos preguntamos ¿qué hace  por estos conventos y sus pocas moradoras la Congregación Romana para los Institutos de Vida Consagrada en la Santa Sede de Roma?, ¿qué hace la Iglesia Primada toledana ante este problema planteado? ¿y qué piensan las autoridades civiles españolas, las autonómicas y toledanas de este asunto? y lo más importante, ¿qué ideas puede aportar la Unesco, ante este importante problema?

¿Dejaremos los toledanos, que este legado escondido comience a hundirse y que tanto arte se pueda deteriorar o ser vendido en la noche por el vil dinero, como ocurrió con dos importísimas pinturas del Greco de la Capilla de San José, más otras obras del mismo autor en otro significatico convento?  Recordemos que Toledo entero, forma parte  innegable del Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero ante estos datos, creemos que también debe formar parte del Patrimonio Espiritual del Orbe. Vale.

Alejandro  Vega   Merino.

Toledo, Patrimonio de la Humanidad desde el año 1987.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

 

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