ASUNCIÓN DEL GRECO. TIEMPO DOS.
POR ALEJANDRO VEGA
LA ASUNCIÓN DEL GRECO
TIEMPO DOS

La pintura principal para el nuevo retablo, trató sobre la Asunción de María a los Cielos, cuyo original hemos admirado en el Museo del Prado durante unos meses en el año 2025, junto a las demás obras del Greco.
Ejecutada esta para dicho convento de Sto. Domingo “el antiguo”, que se diferencia del “real” también en Toledo, siendo su primer trabajo importante, ejecutado al mismo tiempo que el también espectacular cuadro del Expolio, para la sacristía de la catedral toledana, aprovechando de manera definitiva aquella oportunidad ofrecida por el deán Diego de Castilla.

Después de una inmensa obra trabajada por el Greco durante 37 años en Toledo y tras su muerte en 1614, sus excelentes por espirituales pinturas toledanas quedaron atesoradas entre muchos particulares, iglesias, conventos, colegiatas, hospitales, más la catedral, pues su forma de pintar era muy estimada entonces por sus expresiones celestes y por su sensible misticismo, inspiradas precisamente en la ciudad de los místicos, de ahí su reconocimiento entre los toledanos de entonces.


Pasados más de dos siglos de la muerte del Greco, su obra comenzó a ser aún más reconocida en toda España por ciertos personajes pudientes, pues su forma de pintar sorprendía por su técnica, sus colores, sus nubes, sus juegos de luces, sus retratos y por su personalidad, comenzando por ello el movimiento de sus obras en nuestro propio país ya desde entonces.

En la Guerra de la Independencia (1808-1814), los franceses de Napoleón como siempre, expoliaron todo lo que pudieron del patrimonio artístico español, entre otros tesoros nada menos que miles y miles de obras de arte. Desaparecieron entonces muchísimas por medio de maleantes, como Frederick Quilliet, Maignieu, Napoli y G.A. Wallis. ¡Qué negocio tendrían montado estos bribones! que fueron destituidos en 1810 por el propio Pepe Botella, quizás este último las querría para él.
Entró entonces en la comisión de vigilancia para tratar de frenar el desastroso expolio francés de obras españolas, el pintor Goya, que fue rápidamente sustituido por otro gabacho Dominique Vivant, barón Denon, director del Museo del Louvre. Este siniestro personaje, además de todo lo robado, escogió 250 obras más, como botín de guerra e indemnización.

Ante tal desastre francés contra España, yo me pregunto si no habría nadie en nuestro país que pusiera las cosas en su sitio entonces?, claro que estudiando el desastroso talante de casi todos los reyes borbones españoles en toda su historia, es indescriptible, faltando adjetivos para describirlos, con alguna excepción.
De Madrid salieron 1.500 cuadros, de Sevilla 1.000 y de Valencia otros muchos. Pero ahí no acabó la avaricia francesa, pues muchos de sus generales como Jean d’Armagnac, Armand de Caulaincourt, Jean-Joseph Dessolles, Jean Baptiste Eblé, Philippe de Faviers y Horace Sebastiani de la Porta, se regalaban ellos mismos obras españolas por su valentía contra los españoles.
Pero eso no es todo, pues según el Diccionario de Bellas Artes de Cea Bermúdez, estos cínicos franceses recorrieron los monasterios e iglesias de España, trincando los cuadros que les interesaban y llevándoselos al país galo.
Dicha gente que se jacta de su legalidad, igualdad y fraternidad, por estos actos debieran cambiar dichos nombres por ilegalidad, desigualdad y hostilidad, que es lo que recibimos los españoles de ellos.
Por si alguien tiene dudas de lo que aquí escribo y siguiendo estos últimos adjetivos que les cambio a los gabachos en general, es porque he sido testigo de la quema de miles de camiones españoles, recuerdos nefastos de no hace tanto tiempo.
Suma y sigue. A estos héroes ladrones franceses les seguían como hienas los marchantes, para hacerse ricos gracias al patrimonio español, como Frederick Quilliet en tiempos de José Bonaparte (Pepe Botella), más otros franceses como Lebrun, Moignain, los ingleses Nathan y Wallis, o el holandés Coesuelt. Estos incluyeron en sus butrones varias obras de El Greco, para la Francia pública y privada.

El inglés Arthur Wellesley duque de Wellington tras la batalla de la victoria en 1813, encontró 200 pinturas, dibujos y grabados originales de Valladolid, Toledo y El Escorial, llevándoselos a Inglaterra. Tras la guerra y como conocedor de la importancia de tan altísimo patrimonio, escribió a Fernando VII para devolver dicho tesoro a la nación española. Pero el “felón” animó a Wellington a quedárselas como recompensa de sus servicios en dicha Guerra de la Independencia. Algo inaudito e increíble.
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