ASUNCIÓN DEL GRECO. TIEMPO NUEVE.
POR ALEJENDRO VEGA
ASUNCIÓN DEL GRECO
TIEMPO NUEVE
El maestro cretense trajo entre sus libros, las obras de los más grandes arquitectos italianos, entre ellos la “Vida del Correggio”, las “Vidas de Vasari” y la “Vida de Ticiano” de Vasari, el cual era pintor, escultor y arquitecto, en los que el griego se inspiró para confeccionar sus retablos y revestirlos con sus obras maestras, a base de sus proyecciones geométricas. Este se había formado con Ticiano y Tintoretto.


El Greco apuntó sus reflexiones de su puño y letra en los márgenes de dichas obras, haciendo anotaciones en el “Tratado de arquitectura” de Vitrubio, opinando en ellas como uno de los más grandes de la pintura, escultura y arquitectura y como un verdadero artista curtido en las bellas artes, demostrándolo en sus primeras obras toledanas. También opinó y corrigió valientemente entre ellos nada menos que al pintor Rafael y también al propio Miguel Ángel Buonarotti, demostrando su preparación y agudeza como un admirable sabio.
El descubrimiento de dichas anotaciones sobre esos libros que pertenecieron al Greco, fueron dados a conocer entre otros por los investigadores Fernando Marías y Agustín Bustamante, demostrando el inmenso saber del pintor sobre la teoría y la práctica del arte, pero sobre todo un profundo conocimiento sobre los artistas italianos más grandes de su tiempo.


De ahí que el personaje que estudiamos bajo la esquina izquierda del cuadro, se refiera a Santo Tomás, pues este levanta su mano derecha, explicando de forma oculta el significado del detalle de la tapa del sarcófago, que explicaremos. Posturas y signos todos ellos, con respecto a la iniciación de oficio de los grandes maestros, cuyos detalles nos demuestran de forma secreta el verdadero pensamiento de Doménico Theotocópulis en su llegada a Toledo, pues tras su sutilidad contienen una lógica aplastante.


Otro dato a tener en cuenta sobre lo que aquí explicamos, le podemos observar en uno de los cuadros pintados por el artista sobre la Expulsión de los Mercaderes del Templo de su etapa romana, encontrándose ahora en el Instituto de Arte de Minneapolis. Dejándonos testimonio de su saber al pintar en una de sus esquinas a los artistas en los que se inspiró, como Ticiano, Miguel Ángel, o Rafael y entre ellos su amigo de aquella época romana Julio Clovio.


Todos los apóstoles con sus diferentes emociones y posiciones, dan un gran realismo y movimiento a la obra así como un perfecto equilibrio y profundidad. El espacio terrenal se une con el mundo celeste, por medio de un fino arco formado con nubes blanquecinas, dividiendo la obra en dos partes, abajo y arriba.


En su centro un creciente lunar con sus puntas hacia arriba, traspasando esta su vestidura, pisado por la Asunción con su pie griego, característica usada por el Greco en algunas de sus obras. Dicho detalle se refiere al papel mediador de la Virgen y su poder intercesor entre los hombres y el Eterno, pues la luz de la Luna refleja la del Sol. Así lo pintó en su Inmaculada Oballe de San Vicente entre 1608-13, con el sol y la luna reflejándose, tras el ángel en escorzo. Esta obra hoy en el Museo de S. Cruz de Toledo, refleja en sí a la Contrarreforma.
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