ICONOS SAGRADOS TOLEDANOS 13

DOS VERRACOS MÁS EN LA IGLESIA VISIGODA DE SAN PEDRO DE LA MATA, AL EXTERIOR DEL TAPIAL TERMINANDO EL ESTUDIO DE SUS MUROS

Observando de nuevo los muros exteriores del patio de la iglesia de San Pedro de la Mata, que se alza sobre uno de los numerosos lanchares de granito que afloran en el área, saltó de nuevo la sorpresa al encontrar los restos de dos verracos más, en número de siete contando al toro.

Los mismos se encuentran empotrados en el muro exterior de lo que pudo ser el tapial que cerraba el cenobio. Recordemos que los restos de este templo, junto a otros no muy lejanos como Sta. Mª de Melque y la aparecida iglesia en el conjunto de Los Hitos, constituyen los enclaves más importantes de la historia y de la arqueología en el centro de la península ibérica. San Pedro parece también visigodo por su estructura cruciforme y algunos de sus restos.  

Al encontrarse el templo al norte a los pies de los Montes de Toledo, por aquí debió de pasar una ruta de suidos muy antigua. Los caminos de antaño recorridos por estos se denominan actualmente como Peña el Rayo y tomando el de el Fraile se llega al Castañar, siendo estos descansaderos de estos animales en el verano.

Antes de llegar el invierno, ascenderían al puerto de Marjaliza por el camino del Arroyo de la Solanilla hacia el sur, buscando el agua de la Fuente Santa en dicho lugar, internándose luego por el oeste hacia los llanos de Cabañeros.

Ante tantas muestras halladas, los ibero-carpetanos debieron de usar el lugar como cazadero de los mismos y después como zona de domesticación, aunque hasta el momento no se ha hallado ningún poblado a su alrededor.

La mayoría de los bloques pétreos para el levantamiento de la iglesia, se encuentran tallados en granito gris, compuesto por cuarzo, feldespato y mica según los estudios petrográficos llevados a cabo por los expertos Enrique Álvarez Areces, Mª Ángeles Utrero Agudo y José Manuel Baltuille Martín, en su trabajo “La cantera de granito de San Pedro de la Mata (Toledo): planificación, explotación y construcción”.

Su análisis se corresponde con los mismos materiales de las canteras cercanas al templo, por lo que el material en el que están tallados  estos suidos, pertenecerá a las mismas o a otros lugares a lo largo de su larga ruta, con grandes bolos graníticos.

Pese al paso de al menos catorce siglos, a unos metros del esquinazo sureste de dicho muro, vemos la figura del sexto suido muy deteriorado y rebajado para no sobresalir del muro, observando su largo cuello y parte de la cabeza, torso redondeado hacia espinazo y vientre, sin patas y cercenado en su trasero.

A unos metros de la anterior se encuentra la séptima talla, viendo que su lomo esta trabajado linealmente, como su cabeza y trasero, aunque en él se nota aún el rabo o el sexo. También sin sobresalir, se le observan algo el comienzo de sus patas delanteras y parte de sus patas traseras.

Siete tallas de verracos reutilizadas entre los muros de San Pedro, comparativos en número a los hallados en otros pueblos de Ávila. En nuestro caso las figuras murales expresan el agradecimiento que los carpetanos les tenían, gracias al alimento que estos animales les brindaban, siendo por ello tallados como iconos apotropaicos.

Los estudios en Ciencias Históricas, del doctor Fidel Fuidio Rodríguez, en la primera edición de su obra “Carpetania Romana” de 1934, nos cuenta que los núcleos más numerosos de verracos parecen situados en la cuenca del Tajo, desde Toledo a Talavera en la zona carpetana y desde aquí pasaron hacia el noroeste a las zonas vetona y arévaca.

Este conjunto de suidos nos hace percibir la cotidianidad de nuestros ancestros, haciendo de su caza y matanza un ritual, cuyas muestras de gratitud eran las tallas de suidos para su veneración en dicho lugar, buscando por ello la inercia de su magia blanca protectora. Desde luego es una suerte poder observar un legado tan extenso en este sitio  ancestral ahora en nuestro tiempo.

Artículo publicado en el revista Cuatro Calles nº 31, en el cuarto trimestre de 2024.

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