ICONOS SAGRADOS TOLEDANOS 14
EL DESAPARECIDO VERRACO DE CARPIO DE TAJO.

Al suroeste de Toledo y pegado al río Tajo se encontraba el primer asentamiento de un lugar en lo que hoy se conoce como Ronda, que en tiempos romanos se le dio el nombre de Carpia, convirtiéndose luego en Carpio de Tajo a 45,6 Km. de Toledo.
Sabemos de la existencia de un verraco, por el dato que se nos da sobre esta figura zoomorfa, gracias al trabajo de investigación realizado por José Cuervo en su interesante página web verracos.com, descrito en ella sin fotografía. Al ponerme en contacto telefónico con el ayuntamiento de Carpio, su personal no sabía que hubiera existido dicha figura, por lo que su escasa bibliografía, nos deja una misteriosa huella.
Entre los escritos de Fernando Jiménez de Gregorio como “Los Pueblos de la Provincia de Toledo” de 1962, este nos cuenta que la extensa zona toledana sobre la vega del río Tajo, estuvo habitada sobre el siglo III a. c., por íberos “celtizados”, como eran los carpetani, nombre dado por los geógrafos griegos, aunque realmente iberos por ser gentes que vivían en esta antigua tierra.

Para corroborar dicha antigüedad, recogemos otros datos como el de Faustino Moreno Villalba en su “Historia del Carpio de Tajo” de la colección Temas Toledanos, serie VI, nº 61, de la Diputación Provincial en 1989, donde nos cuenta: “Un poco más abajo de Ronda se ubicaba el antiguo poblado íbero de Aebura”, aunque otros estudios dicen pertenecer a Cuerva, la antigua Libora según Tito Libio y Ptolomeo. Sobre el lugar se encuentran precisamente los cantos rodados de lo que pudo ser una muralla de aquel tiempo según el investigador del lugar Balbino Jiménez Quintas, que dice que pertenecen a la misma plaza íbera siendo fuerte. Quizás estos se encuentren en el resto denominado ahora como “la Torrecilla” con su arco gótico-mudéjar.

Según Jiménez de Gregorio, Carpio se refiere a una fortaleza o carpia al lado del río Tajo, la cual vigilaba su extenso invernadero hacia el sur, repleto de dehesas para descanso de los ganados sobre los fértiles parajes de Ronda y El Soto. Aún quedan allí cordeles como Sendero y Posturas, según observamos en el plano a escala 1:50.000 del Instituto Nacional Geográfico del lugar, número 628.
Territorios cruzados por caminos ancestrales, sendas aprovechadas en tiempos antiguos usadas en invierno por los animales en sus migraciones hacia el suroeste, siendo seguidos por los seres humanos para su caza y sustento. Después en épocas medievales se convirtieron en caminos trashumantes o cañadas para su provecho y tras el vadeo del río y contadero, iban de un lado a otro según las épocas.
Tres de las más importantes cañadas cruzaban de norte a sur la zona toledana, hoy en día nos referimos a las vías pecuarias como La Segoviana o del Reino, la Galiana, saliendo de ella un desvío más al sur como el de la Plata y la Soriana Oriental más hacia el este.
Sabemos también según por las “Relaciones de los Pueblos de España” mandada hacer por Felipe II sobre el reino de Toledo, según el Instituto Balmes del Consejo Superior de Investigaciones de 1951, que los montes cercanos a Ronda y el Carpio, eran parajes donde abundaban toda clase de animales y aves, pero sobre todo jabalíes.

Por tal motivo y siguiendo esta pista, al no tener fotografía alguna sobre este suido, dejo por mi parte un hipotético dibujo sobre cómo puso ser el mismo, fijándome en la perfecta talla de un suido o jabalí perteneciente a la cercana extremadura cacereña, para darnos una ligera idea sobre el mismo.
Generalmente y de forma ancestral, quizás estos fueran iconos sagrados más antiguos de lo que nos parecen. Como suidos, harían su labor de defensa apotropaica en las tierras carpetanas. Posteriormente algunos se usaron como ídolos fúnebres en tiempos de la romanización, grabando nombres sobre sus graníticas tallas.

